domingo, 12 de octubre de 2014

De telarañas y hombres



Normalmente soy apolítico, y no hago caso a estas cosas, pero esta vez coincidió que de las personas que conozco, sí había las suficientes conexiones como para tratar de forzar el cese de ciertos grandes cargos.

Y fue divertido echar una mano a toda aquella gente coordinada.Su imagen de intocables ha desaparecido, al menos por unos días, tal y como ocurre siempre que la masa les exige que hagan las cosas bien. Al fin y al cabo, ese es el fin último de esos cargos, servir al público; aunque a veces no sea así.

Dado que no ha habido ningún nuevo revés en esa gran bola de nieve, no sirve de nada continuar con este tema, ya que enseguida la masa (en la que me incluyo), volveremos a nuestros quehaceres diarios.